Folklore, música y danza - República de Venezuela
Luis Felipe Ramón y Rivera
La característica de la música folklórica no depende tanto de su ejecución con instrumentos típicos, como del hecho de que sus elementos melódicos, armónicos y rítmicos, pertenezcan a un determinado conglomerado humano y sean de él por legítima herencia cultural.
Así, en el caso de Venezuela hay cantos y música instrumental -también danzas- que son propios de su pueblo y a él representan.
Una rápida ojeada a esa música nos convencerá de que ella forma parte de la vida diaria del venezolano, acompañándolo desde que nace hasta que muere. Las canciones de cuna, por ejemplo, cuya estructura en su mayoría procede de modelos medievales europeos, son
cantadas todavía por las madres venezolanas. Les añaden a veces -es cierto-, pequeños giros particulares -variantes-; pero de manera general se conservan fieles a sus modelos.
Algo bien diferente es, en cambio, la canción maternal de nuestros indígenas, porque la música de los grupos aborígenes venezolanos posee raíces milenarias no mezcladas con lo europeo -salvo muy raras excepciones-. Pues la música indígena, y muchos otros elementos de nuestra cultura autóctona, permanecen separados por diversas razones sociales y culturales: habitat, lengua, costumbres, religión. Son dos mundos: el aborígen y el criollo. De este último es que vamos a ocuparnos principalmente, en sus aspectos más importantes.
La religión y el folklore
Destácase dentro del marco de las tradiciones venezolanas el papel que juega la religión católica,
implantada por el colonizador español. Junto con ella figura la mayor parte de nuestra música folklórica, y muchas de nuestras danzas.
Así, durante el ciclo de la Navidad se producen las peticiones de aguinaldos, que efectúan conjuntos de cantores y músicos en distintos pueblos; algunas ceremonias populares con algo de teatro espontáneo, folklórico, se realizan en representación del nacimiento de Jesús; y mientras esto ocurre en la región central del país (Carabobo), en la región oriental se producen danzas teatrales llamadas "diversiones pascuales", con personajes de significación antigua -peces, pájaros-, o moderna: un avión, un puente. Estas representaciones con su música se efectúan en las calles de los pueblos.
Los instrumentos utilizados son el cuatro (pequeña guitarra de cuatro cuerdas, que se ejecuta rasgueada), el bandolín o el violín, una tambora y un furruco (instrumento de frotación). A veces se añade a ellos una "guitarra grande" -que es la española, de seis cuerdas- y la charrasca de metal o de calabaza, otro tipo de instrumento de frotación.
Las melodías son sencillas en su estructura, pero complicadas en su ritmo y ricamente variadas en sus timbres. Los textos varían, según el asunto.
En honor al Niño, por ejemplo:
El Angel Gabriel
anunció a María
que a la media noche
Jesús nacería.
O con intención teatral:
De Francia vengo señores,
soy cazador afamado;
en busca del guarandol (pájaro)
que tiene el pueblo alarmado.
Terminadas las fiestas navideñas, dentro de las celebraciones de tipo religioso son dignas de mención las de San Juan y San Benito. En éstas la música es de carácter afro, muy diferente a la que acabamos de reseñar.
San Juan, cuya celebración eclesiástica es en junio, está vinculado en Venezuela con la entrada de la estación pluvial. Las lluvias que se esperan, y con ellas los beneficios de las cosechas, tienen en la fe popular a dicho santo, notable fuerza anímica. Una música, un canto con
acompañamiento de tambores, resuena por los cafetales y cacaotales de la costa norte de Venezuela el 23 de junio por la noche. Se canta y se baila en forma colectiva o individual -por parejas- según el tipo de "golpe", se efectúan procesiones fervorosas en las que bailan todos, hombres, mujeres, niños y viejos; y bailando amanecen el día 24, cuando el festejo debe recibir
además, la aprobación eclesiástica con la celebración de la misa del santo.
Tambores dé San Juan.
Es necesario advertir que esta celebración, a pesar de estar basada sobre un tipo de música de origen -africano, no tiene como en Haití o Brasil, aspectos mágicos, esotéricos. El motivo central es religioso, sin mezcla de otros elementos; y el baile, frenético a veces, no llega nunca a producir los efectos convulsivos de posesión que caracterizan al vodou o la macumba. A San Juan se lo coloca en una pequeña mesa adornada con flores, y se lo pasea así por las pueblos, llevando su imagen de visita a las casas de familia. Su música de tambores se escucha desde lejos; es a veces de notables efectos polirrítmicos, y siempre alternan un solista y un coro que responde:
Coro: Aé, aé, ay,
Solista: Mi vida, si tú me quieres,
no se lo digas a nadie;
Coro: Aé, aé, ay,
Solista: mete la mano en tu pecho,
dile al corazón que calle.
Estos textos, como se ve, no tienen que ser necesariamente alusivos al santo; a veces, más bien, son de cierta picardía y hasta de doble sentido... Así es el pueblo, elde todas partes, al menos en América Latina.
El otro festejo importante, dijimos, es el de San Benito. Se trata de San Benito de Palermo, también llamado "el Moro". El culto a este santo se efectúa en la zona costeña occidental de los Estados Zulia, Trujillo y Mérida, especialmente sobre las costas del Lago de Maracaibo. La música, también de carácter afro, es diferente sobre todo por el tipo de tambores que acompañan; y no hay propiamente baile en relación con este santo, sino algunos sencillos pasos rítmicos durante la procesión colectiva que se hace en las calles de los pueblos, con la imagen del santo en hombros.
A grandes rasgos, esta es la música de carácter afro y el baile popular conectado con santos de la iglesia católica. Antes de entrar en reseña de otro tipo de música popular, digamos dos palabras sobre otras especies musicales conectadas con la religión. Me refiero a las que actúan en la celebración de la Cruz de Mayo. En Venezuela hay devoción muy especial por la cruz, que abarca casi todo el país. Se celebra su culto especialmente el 3 de mayo, pero también se acostumbra los días sábados de ese mismo mes. Las celebraciones son nocturnas y se llaman
velorio.
El velorio de cruz empieza más o menos a las nueve de la noche y termina, según el entusiasmo de los asistentes, pasada la media noche o en la madrugada. Se entonan diversos cantos, según la región: en la parte central del país, cerca de Caracas, cantan fulías, que son unas cantos muy alegres y de fuerza rítmica, acompañados por tambores, charrasca, y a veces por el cuatro. En la
región oriental, en cambio, la música es de galerón, un canto a una voz con acompañamiento de bandolín y guitarra grande.
Viejo y muy especial canto, es éste del galerón, traído probablemente en el siglo xvi por los marineros españoles junto con el laúd y la guitarra. Algo morisco puede andar jugando en sus cadencias... En todo caso, por sus caracteres musicales puede suponerse que es de los más antiguos cantos llegados a nuestro país.
Música y danzas profanas
La música folklórica no adscripta al culto, es relativamente poca. Figuran dentro de ella dos
principales aspectos: el trabajo y la diversión. Podemos agruparla de la siguiente manera:
Canciones infantiles (de arrullo y de entretenimiento).
Canciones infantiles de ronda (juego).
Cantos de trabajo.
Música para el baile del joropo.
Música para el camaval
Canciones galantes.
Ya nos referimos a las canciones de cuna (indudable trabajo maternal) ; a ellas debemos agregar el núcleo de canciones que entonan las madres cuando el niño tiene algunos meses de nacido, y que cumplen la función de entretenerlo. Casi todas las de este tipo, que conocemos son canciones originales en cuanto a su ritmo y su estructura. Débese agregar a este tipo de canciones las que los niños utilizan en sus juegos. Esta costumbre, por razones actuales de peligrosidad, pues se hacían dichos juegos principalmente en las calles de los pueblos, ha dejado de practicarse. Pero es posible hallar en algunas aldeas campesinas todavía, algo de esas rondas infantiles como "Doñana", "Matarile", y hasta alguna canción en la que figure un antiguo romance hispano.
Dentro del aspecto funcional del trabajo, hay notable vigencia todavía en nuestro folklore musical, de variado cantos para acompañar el trabajo. Los principales de ellos, por su belleza y su vigencia, son los del trabajo pecuario, que se dividen en cantos de arreo y cantos de
ordeño. Ambos son cantos entonados por hombres -una sola voz- mientras realizan su faena.
Los de arrear el ganado se efectúan aún en el Llano. Los entona el "cabrestero", o sea, el hombre que va delante, a caballo, conduciendo una punta de ganado. Generalmente contestan otros hombres al canto del cabrestero, pues según dicen los llaneros, el canto tiene la ventaja de que mantiene tranquilo al ganado durante la marcha.
En cuanto a los cantos de ordeño, los entona el ordeñador llamando a la vaca que va a ser ordeñada. Estos animales, es curioso, aprenden rápidamente su nombre ("Yerbabuena", "Corre l'agua", etc.) y acuden cuando oyen que las llama el ordeñador hasta el sitio donde él se encuentra.
Su música responde a las dimensiones de una cuarteta, y es música de ritmo libre, y giros melancólicos y largas notas cadenciales.
El joropo
Para bailar el joropo -nuestro baile nacional- se utilizan dos tipos de música que son: el pasaje y el golpe.
Todas las variaciones melódicas y armónicas caben dentro de esos moldes, y también caben los distintos instrumentos acompañantes: arpa, bandola, bandolín, cuatro y maracas. Según las regiones, el joropo se acompaña sólo con arpa y maracas (región central del norte del país), o con arpa, cuatro y maracas (llanos centrales y del sur). La bandola se utiliza en la región occidental de Portuguesa y Barinas, y el bandolín en cualquier parte, como sustituto de la bandola, que es el
instrumento más antiguo. El cuatro acompaña siempre, en todas partes, es el instrumento más compañero del venezolano.
El baile del joropo debe haber sido en el pasado una variante coreográfica de ciertos bailes hispanos con zapateos y alguna libertad de movimientos.
Investigaciones nuestras, recientes, demuestran la existencia del nombre de joropo hacia 1815, como un baile popular mencionado en Caracas -sin ninguna explicación específica- en documentos de carácter judicial, punitivo. No obstante, ese baile sólo llega a ser nacional a fines del siglo pasado, y a imponerse como tal, a medida que las vías de comunicación establecieron
nexos mayores entre las distintas regiones del país.
Su coreografía es generalmente improvisada por los bailadores -más el hombre que la mujer-, pero se basa en tres pasos específicos: el valsiao, el zapatiao y el escobillao. Hoy día, es, indudablemente, nuestro baile nacional.
El carnaval
Poca música específica tiene el carnaval entre nosotros, pero ella acompaña diversiones populares siempre graciosas y variadas. "La Burriquita", por ejemplo, tal como se practica en Caracas durante el carnaval, es un gracioso baile individual en el que el hombre, vestido de
colores y haciendo una sola figura junto con el animal (como se acostumbra en bailes europeos semejantes), realiza cabriolas al son de un cuatro y mientras las gentes que lo rodean gozan y se entusiasman con ese baile. En contraste, en región lejana, o sea en Puerto Cabello, el último día del carnaval sacan una comparsa que llaman "La Hamaca", varios hombres y mujeres.
Bailan al son de cachos (aerófonos), tambora, charrasca y cuatro -a veces-, una representación popular que tiene el sentido del tradicional "entierro de la sardina",o sea, del carnaval.
Música, baile, inventiva popular, se dan así la mano en estos tradicionales festejos que son por ello mismo, trasunto de nuestra manera de ser.
La canción galante
Cerraremos esta panorámica con una ligera mención de las viejas canciones galantes. Producto ellas, de un sentimiento humano de amor y respeto a la mujer -novia, hermana, madre-, se cultivaron en el ambiente popular de nuestras ciudades como gentil herencia de Europa. Las serenatas especialmente, al pie de una ventana, fueron su mejqr exponente; la guitarra y las voces su medio expresivo. Todavía llegan hasta nuestro tiempo ecos de aquellas canciones: "El Hijo
Ausente", "Viajera Golondrina", "Adios.., me ausento de tu lado, voy a buscar alivio a mi fatal dolor!"
Toda una época romántica se perpetuó en esas melodías de corte variado, con influencia a veces, -de la ópera italiana, pero con acento criollo también, -sentimental a nuestro modo. Dos tipos de canciones galantes: la habanera y la canción-vals, sobreviven y parece que no se extinguirán, pues los jóvenes, a pesar del rock y toda la música moderna que hoy les atrae en el baile, cuando
se ponen sentimentales tienen que cantar según los viejos moldes. Por ello no es aventurado asegurar la permanencia de tales canciones en el repertorio nacional, a través de los tiempos y a pesar de las modas.
Oficina Central de Información
Caracas - Venezuela