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Los Hermanos Abalos, ya leyenda de nuestro folklore, han acallado voces, guitarra, piano y bombo. Queda su música envuelta en algun pañuelo, que busca en el silencio una zamba perdida para poder bailar.
Su música queda en nuestros oídos y corazones y allí seguirá viviendo.
René Vargas Vera habla en este artículo de su legado. Nos hemos permitido, sin su permiso, el recortar unos párrafos dedicados a
uno de los más destacados interpretes de nuestra música: Eduardo Lagos.
Queda pendiente, y ya nunca podrá llevarse a cabo como debiera: con su presencia, el tan
merecido homenaje a los Abalos. Sirva este espacio para recordarlos por siempre.
Nacieron y murieron en los mismos años e inspiraron a las generaciones del rock que siguieron.
Vivieron al límite y fueron víctimas del descontrol.
En este texto, el autor de manera vívida, nos lleva a aquella época de Woodstock, flores y amor, pero también de Vietnam, de distorsión y de droga, que llevarían a un temprano fin a dos de los músicos
fundamentales en la historia del rock.