La música en la antigüedad.


Editorial Labor. Madrid, 1927. (pág. 9)
Curt Sachs
Egipto

Quien, interesado par la Música, dirige sus ojos a la Antigüedad, hacia aquellos pueblos cuya historia se remonta hasta los milenios tercero y cuarto antes de Jesucristo difícilmente consigue que su mirada se abra paso entre las nieblas que envuelven los comienzos del arte musical, sucediéndole como al explorador n6rdico que cuanto más se aproxima al polo más su mirada hacia él. La primitiva historia musical de estos pueblos nunca podremos conocerla, pues la "historia", la ciencia basada en el testimonio aportado par imágenes o por escrito, es posterior en períodos enteros de la Humanidad al desarrollo de una cultura musical.
En la cuarta dinastía egipcia, a principios del milenio tercero (según los nuevos estudios hasta el milenio cuarto) aparecen ya arpas en los relieves, las llamadas arpas de arco en contraposición a las más tardías arpas angulares. Es susceptible de imaginar el proceso que precedió a tales instrumentos: en un principio sería desprendida de unainta de su fibra a manera de cuerda, de modo que sus extremos quedaran todavía adheridos; más tarde se ataría a la caña una cuerda de otra materia diferente; con el fin de aumentar la sonoridad se añadiría al arco una calabaza, y en adelante ambos elementos fueron estrechamente unidos; después la caja sonora se construyó de madera y se sujetó a la caña o palo en lo sucesivo de naturaleza no flexible; en lugar de una cuerda el instrumento fue admitiendo una serie de ellas; finalmente y después de anteriores ensayos de retorcer las cuerdas para establecer su afinación sonora, añadiéronse al palo unos bastoncillos fijos o sean los predecesores de las modernas clavijas. .
El camino recorrido era considerable, pero no un camino de perfeccionamiento manual simplemente, sino sobre todo un adelanto musical: ampliación del material sonora, aumento, densidad y embellecimiento de la sonoridad, mejoramiento de las voces, debieron ser paulatinas necesidades durante este desarrollo..
No es cosa factible deducir por consideraciones sobre los albores de la Antigüedad cual fue la música primitiva; el telón de la historia del mundo se levanta cuando ya existe un arte musical maduro y permanente..
La idea de permanencia nos la sugieren las figuras de músicos que aparecen regular y repetidamente en relieves del antiguo Imperio: arpistas, flautistas y cantantes que a menudo son representados formando completas orquestas y coros; si bien los relieves nos muestran una figuración abreviada de los asuntos, observamos que los flautistas aparecen en conjunto de ocho individuos por lo menos..
Los cantantes, cuando interpretan en coro, baten palmas, tal como acostumbran a hacer todavía hoy los pueblos salvajes: la medida, que por lo regular es muy vaga en el canto individual no europeo, constituye una necesidad cuando los cantantes son varios y sobre todo es más fácil acompañar a la danza y a los coros valiéndose del chasquido de las manos. El cantante individual, no sujeto a un compás fijo, se vale de otro procedimiento: marca en el aire el movimiento de la melodia. Esta "cheironomía" o "dirección con la mano" seguramente no ha sido inventada por los egipcios como medio de medir la interpretación y transmitir la voluntad. Nosotros reconocemos en ella más bien un impulso involuntario, un movimiento reflejo.
Esta participación musical del cuerpo, característica hoy todavía, especialmente en aquellos movimientos de cabeza de los que escuchan iniciarse una melodía, es tanto más irrefrenable cuanto más cercano se encuentra el arte musical de sus orígenes; los pueblos de escaso nivel de civilización apenas si pueden reprimir, mientras cantan, ciertos movimientos. Todos aquellos movimientos que señalan e imitan son generalmente parte esencial de movimientos expresivos y entre estos y los afectos existe, según Wundt, una estrecha relación. Tales movimientos, aún el canto mismo, constituyen una expansión motora de las tensiones espirituales. Sólo de una manera lenta y paulatina estos movimientos expresivos, instintivos en un principio, van haciéndose dependientes de la voluntad. De aquí que nosotros consideremos los movimientos de los cantantes egipcios como síntomas primordiales instintivos de reales afectos que más tarde fueron adquiriendo un carácter voluntario. .
Por la exteriorización efectuada sin intención alguna se produce con el trato social la transmisión instintiva (Danzel, Geschichte der Schrift) y de ésta, en tanto que el exteriorizante reconoce el efecto de sus movimientos en los demás, nace el deseo de ejercer una influencia determinada y por lo tanto una transmisión volitiva.
A este grado habían llegado ya los antiguos egipcios. El aspecto peculiar y la perfecta analogía de los ademanes reproducidos nos decide a la conclusión de que ya en el cuarto milenio los movimientos involuntarios de la mano constituían un lenguaje determinado que acompañaba el canto, influyendo en él en un sentido coercitivo, expresando la figuración de los sonidos, su estructura, su arquitectura, su dinámica, su celeridad pero que también ayudaba a la memoria con sus repeticiones, y coma sustitutivo de una .escritura musical reunía a los ejecutantes y los guiaba, intensificando el efecto en los oyentes. El valor que esta escritura marcada en el espacio pudiera tener para los egipcios se desprende de que en el lenguaje egipcio antiguo, “cantar” significa “hsjt m drt”, literalmente, “hacer música con la mano” y que la figuración simbólica del vocablo “cantar” -pues en la escritura de los egipcios toda palabra además de expresarse con el jeroglífico silábico o fonético iba acompañada de una figura determinante- se representaba par un antebrazo con la mano.
A esta “cheironomía” le llegó también su hora. Ella fue cuando Egipto vino a la ruina al mismo tiempo que el Imperio romano. Ya anteriormente, en tiempo de las periódicas destrucciones de templos del conquistador persa Cambises, o sea a fines del siglo VI a. de J. C., sufría la música un sensible golpe. En la época en que Egipto participó del florecimiento del Imperio romano como una lejana provincia oriental habíase quebrado ya la vieja tradición; los hilos que unían con el pasado se hallaban enmohecidos y amenazaban romperse. Los religiosos y nobles cantos del culto a Isis enmudecieron y el sacerdote de Osiris cedió el sitio al diácono copto.
Para que entonces pudiera salvarse el arte milenario de la “cheironomía” y con él la antigua música, era preciso que se reprodujeran en el papel sus rasgos esenciales marcados en el aire y que del lenguaje de signos, que no se transmitió ya más de generación en generación con igual seguridad, se formara una escritura. De la “cheironomía” procedían aquellas antiguas notas usadas en los países occidentales, los “neumas”, todos aquellos rasgos rectos y curvos, corchetes y espirales, que no significaban la altura y duración de los diversos sonidos sino la dirección y magnitud de la marcha melódica..


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