Sábado 08 de abril de 2000

UN GRANDE DEL FOLCLORE ARGENTINO
Murió Machaco, uno de los célebres Hermanos Abalos

Tenía 76 años. Era el menor de los hermanos. Comenzaron en peñas y terminaron en el Colón. Figuras señeras del folclore, se habían retirado a excepción de Adolfo, que estaba a punto de actuar como solista
IRENE AMUCHASTEGUI

"Ya no va a poder ser"

Marcelo Raúl era el más joven de los Hermanos Abalos. El último "por orden de cigüeña", como tenían por norma presentarse Machingo, Adolfo, Roberto, Vitillo y Machaco. Actuó hasta hace pocos meses y murió ayer en un geriátrico de la Capital, a causa de una enfermedad pulmonar. Sus restos son velados en el Salón Noble de SADAIC (Lavalle 1547).

Machaco pasó 60 de sus 76 años firme en su puesto de guitarrista de Los Hermanos Abalos. Desde 1939, cuando obtuvieron su primer contrato profesional con Radio El Mundo y dejaron la casa familiar de Santiago del Estero, la historia de los cinco es indivisible.

"Al unirse al grupo, ninguno ha perdido su personalidad. A mí me tocaron los cantos tristes y la guitarra", explicaba Machaco. Cada cual ocupaba su terreno. Adolfo asumió con luz propia el liderazgo musical, como pianista y compositor. Machingo se concentró en el baile y las presentaciones. Vitillo, en la percusión. Roberto tomó el rol de historiador y recopilador de leyendas.

Con esta formación recorrieron un camino que fue desde la peña porteña Achalay Huasi, en los años 40, hasta el Teatro Colón, a fines de los 80. Y produjeron clásicos como Carnavalito quebradeño, las zambas Nostalgias santiagueñas y Agitando pañuelos, la chacarera Casas más, casas menos. "Nos gusta hacer la música de la gente común, lo que el paisano silba a la vera del camino", decía Machaco.

Por lo demás, el anecdotario de los Abalos pasa por Nueva York -donde zaparon con Louis Armstrong-, el Vaticano -donde ofrecieron dos conciertos-, Tokio, París, Roma..., y Santiago, donde en cada regreso repetían los ritos de la infancia: dar la vuelta al perro en la plaza principal y escaparle a la siesta.

De los cinco, a Machaco se lo tenía por el más santiagueño, por su parsimonia y su apego al silencio. Pero no sólo cultivaba la música y la calma con propiedad santiagueña, sino también el humor. Consultado sobre la extraordinaria continuidad del conjunto, explicaba: "Si los habitantes de las culturas del interior han podido sobrevivir más de cinco siglos, cómo no lo vamos a hacer nosotros durante cincuenta o sesenta años".

Hasta hace poco tiempo, los Abalos afirmaban risueños: "Nos retiraremos, sí, cuando seamos grandes".

En el 99 Machaco volvió a Santiago, para actuar con Adolfo y Vitillo: Machingo y Roberto están retirados.

Aquella vez, el hermano menor se lamentaba: "La ausencia de dos cambia todo. Están las voces del canto, está el trío de piano, guitarra y bombo. Está todo. Pero faltan las caras..., y no es lo mismo".

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Sábado 08 de abril de 2000

"Ya no va a poder ser"
MARIANO DEL MAZO

Murió Machaco, uno de los célebres Hermanos Abalos

La entrevista se hizo con un motivo que nunca abandonó la paradoja: Adolfo Abalos se lanzaba como pianista por la rotunda confirmación de que ya nunca más los Hermanos Abalos iban a poder actuar juntos. Por un lado, la espléndida novedad de poder escuchar, solo, al gran maestro de piano del folclore argentino. Por otro, la melancolía de Adolfo: "Créame que me encantaría estar otra vez, todos juntos, en un escenario. Pero, créame también, eso no va a poder ser".

Los ojos brillosos de Adolfo definían la gravedad de tres de los hermanos. "Pobrecitos. Están muy mal. Machaco y Roberto por culpa del cigarrillo. Machingo tiene presión arterial. Están en un geriátrico finísimo de Buenos Aires. Cada veinte días, un mes, me voy para allá y nos quedamos hablando horas".

Ahora que Machaco no está, se puede intuir el resignado comentario de su hermano mayor: "Culpa del cigarrillo". Y adquiere un significado distinto el disco solista de Adolfo. Un conjunto de chacareras y zambas que Machaco -y Machingo y Vitillo y Roberto- hubieran acompañado con la invencible alegría de los Abalos.

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Martes 11 de abril de 2000

MUSICA
Una tarde con nostalgias y amigos

Adolfo Abalos presentó su disco solista. Y homenajeó a Machaco.
IRENE AMUCHASTEGUI

DEBUT A LOS 85. Adolfo, al piano.

Pocos discos fueron tan esperados como el flamante El piano de Adolfo Abalos, debut solista en la Argentina que el músico demoró más de seis décadas y, finalmente, grabó durante este verano.

Adolfo tenía previsto presentarlo en vivo el domingo, en el mismo estudio de radio donde en 1939 Los Hermanos Abalos hicieron su debut profesional. Y lo hizo tal como estaba planeado, a pesar de que el viernes murió Machaco, el menor de sus hermanos, dejando vacante el puesto de guitarra y voz de los legendarios Hermanos Abalos, que ya no volverán a actuar.

Adolfo, el colosal pianista, pasó la lluviosa tarde del domingo tocando en Radio Nacional, para un auditorio poblado de músicos y para incontables oyentes pegados a sus equipos en todo el país.

Se reservó su duelo. Se declaró sencillamente en "un doble estado de pena enorme y alegría por la música". Acto seguido acometió la trilogía de fierro: zamba-gatochacarera, acompañado sólo por el bombo de su hijo Amílcar, y comenzó a brillar en la sutileza de todos sus recursos.

La presentación, ajustada al formato de programa radial -conducido por el músico Rodolfo García-, combinó música en vivo con grabaciones comentadas por el pianista y mensajes de los oyentes.

A lo largo de dos horas, Adolfo compartió escenario con familia y amigos, entre otros, Pocho Lapouble, el Negro González, Chango Farías Gómez ("¿Me acompañas, Chango?"; "Donde quieras").

Tocó a dos pianos con su hija Marina, hizo un tango con Nancy, paseó con estilo por el jazz. Derrochó picardía contando cómo con la zamba Agitando pañuelos sedujo a la que es su esposa, y despuntó la vocación docente explicando cuestiones musicales y misterios del vocabulario santiagueño.

Para el final dejó el motivo de la Despedida musical de los Hermanos Abalos, que durante sesenta años identificó al conjunto. Y a la gente que estaba en el auditorio le concedió una yapa inaudible: terminó bailando un gato.

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artículos publicados en "Clarín", los días 8 y 11 de abril del 2000.

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