El prestigioso quinteto vocal-instrumental folklórico de los
Hermanos Abalos se ha llamado a silencio tras sesenta años
ininterrumpidos de canto vernáculo.
Pero sus voces no enmudecieron de pronto. Tampoco la noticia de su
paulatino silencio ha circulado de repente con grandes anuncios, cómo
sucede con cualquier pelea de galancitos con actrices debutantes.
Hace casi dos años que Roberto Abalos fue el primero de los
hermanos en sufrir un ataque cerebral.
Y ahora se cumple un año desde que
Machingo Abalos le siguió en la misma desgracia.
Fue a partir de aquel
primer golpe infausto en el quinteto de estos admirables
santiagueños que dejaron de existir como grupo de música folklórica.
Los Hermanos Abalos se han retirado tan silenciosamente de
la escena como cuando llegaron~ en 1938~ a Buenos Aires para
plantar la semilla, regarla y hacer crecer el árbol gigantesco de
nuestro folklore.
Ellos erigían el folklore santiagueño y del noroeste argentino
en ese Buenos Aires de fines de los treinta donde lo telúrico no
era masivo sino más bien elitista; donde Yupanqui asomaba
apenas, subrepticiamente. Los provincianos que lo cultivaban en
peñas como El Cardón y Mi Rancho eran como los Abalos,
entonces universitarios, de clase media de buen nivel socioeconómico.
Esos precursores jovencitos santiagueños llegaban para
cultivar con buen gusto y refinamiento la música norteña, y para
hacer verdadera docencia en su peña Achalay de arte nativo,tanto
en el canto como en los instrumentos autóctonos y el baile.
Chacareras, zambas, vidalas, escondidos, malambos,
bagualas, se encendían en el piano de Adolfo, se proyectaban en la
guitarra de Machaco, retumbaban en el bombo de Vitillo, y las
melodías trepaban en las voces de Machingo, de Roberto y los otros
tres. Y cuando Vitillo plasmaba esos ritmos en pasos de baile,
resonaban en los parches de Roberto.
* * *
Mucho puede escribirse sobre el legado de los Hermanos
Abalos. Pero bastará enfatizar que sus zambas no llevan a
empellones el apuro de la cueca, y que las chacareras no galopan (como
sucede hoy) porque su cadencia la dicta la danza.
Los Hermanos Abalos perdurarán en su estilo y en las joyas de
su cancionero, inventado por Adolfo: las chacareras "Del rancho"
y "Chakaimanta", el "Carnavalito quebradeño", el "Gatito de
Tchaikovsky", las zambas "Nostalgias santiagueñas", "Agitando pañuelos",
"De los yuyos"...
Por talento y autenticidad se instalarán para siempre,
como los elegidos, en la memoria colectiva.
Ellos -lo dijo de sí mismo el poeta Horacio- no morirán del todo.