"La siembra de los Abalos"

[fragmento] - René Vargas Vera
(La Nación, 5 de abril de 1999)

El prestigioso quinteto vocal-instrumental folklórico de los Hermanos Abalos se ha llamado a silencio tras sesenta años ininterrumpidos de canto vernáculo. Pero sus voces no enmudecieron de pronto. Tampoco la noticia de su paulatino silencio ha circulado de repente con grandes anuncios, cómo sucede con cualquier pelea de galancitos con actrices debutantes.
Hace casi dos años que Roberto Abalos fue el primero de los hermanos en sufrir un ataque cerebral.
Y ahora se cumple un año desde que Machingo Abalos le siguió en la misma desgracia.
Fue a partir de aquel primer golpe infausto en el quinteto de estos admirables santiagueños que dejaron de existir como grupo de música folklórica.
Los Hermanos Abalos se han retirado tan silenciosamente de la escena como cuando llegaron~ en 1938~ a Buenos Aires para plantar la semilla, regarla y hacer crecer el árbol gigantesco de nuestro folklore. Ellos erigían el folklore santiagueño y del noroeste argentino en ese Buenos Aires de fines de los treinta donde lo telúrico no era masivo sino más bien elitista; donde Yupanqui asomaba apenas, subrepticiamente. Los provincianos que lo cultivaban en peñas como El Cardón y Mi Rancho eran como los Abalos, entonces universitarios, de clase media de buen nivel socioeconómico. Esos precursores jovencitos santiagueños llegaban para cultivar con buen gusto y refinamiento la música norteña, y para hacer verdadera docencia en su peña Achalay de arte nativo,tanto en el canto como en los instrumentos autóctonos y el baile.
Chacareras, zambas, vidalas, escondidos, malambos, bagualas, se encendían en el piano de Adolfo, se proyectaban en la guitarra de Machaco, retumbaban en el bombo de Vitillo, y las melodías trepaban en las voces de Machingo, de Roberto y los otros tres. Y cuando Vitillo plasmaba esos ritmos en pasos de baile, resonaban en los parches de Roberto.
* * *
Mucho puede escribirse sobre el legado de los Hermanos Abalos. Pero bastará enfatizar que sus zambas no llevan a empellones el apuro de la cueca, y que las chacareras no galopan (como sucede hoy) porque su cadencia la dicta la danza.
Los Hermanos Abalos perdurarán en su estilo y en las joyas de su cancionero, inventado por Adolfo: las chacareras "Del rancho" y "Chakaimanta", el "Carnavalito quebradeño", el "Gatito de Tchaikovsky", las zambas "Nostalgias santiagueñas", "Agitando pañuelos", "De los yuyos"...
Por talento y autenticidad se instalarán para siempre, como los elegidos, en la memoria colectiva.
Ellos -lo dijo de sí mismo el poeta Horacio- no morirán del todo.



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